viernes, 6 de junio de 2025

RELATOS DE VIAJES


 

UN DÍA EN VIENA

Hoy miércoles día once, el barco permanecerá atracado en Viena hasta las diez de la noche. La guía nos había convocado a las ocho de la mañana para salir hacia el centro de la ciudad y realizar una visita panorámica; pero, ¡oh paradoja!, ella se ha dormido y hay que llamarla. Parece que el día promete problemas.

Tras una primera toma de contacto desde el bus, nos perdemos por las calles del centro de Viena. Desde la Plaza de María Teresa nos adentramos en el amplio espacio que ocupa el Palacio Imperial de Hofburg con sus jardines y múltiples dependencias. En torno a su inmensa plaza central se sitúan los lujosos edificios del complejo. Vamos caminando hacia la catedral de San Esteban a lo largo de calles con espléndidas mansiones, museos, edificios suntuosos e históricos; rodeamos la Ópera y terminamos en la plaza de la Catedral.

El día empieza a ponerse molesto no sólo por el frío sino por la fina lluvia, aguanieve más bien, que cae; afortunadamente dura poco y su intensidad es reducida.

Desde el bus habíamos visto el edificio neogótico del Ayuntamiento de Viena y, como disponemos de tiempo antes de regresar al barco decidimos visitarlo, pero una interpretación errónea del GPS nos lleva en dirección contraria. ¿Qué hacemos, corregir el rumbo o ir a comer? Nos vamos a comer; el ayuntamiento puede esperar a una mejor ocasión. El día se empeña en seguir cruzado.

Por la tarde está programada una visita al Palacio de Shönbrunn y el mercadillo adyacente a él. Antes de entrar tenemos tiempo para pasear por los jardines: una inmensa extensión de parterres y paseos, con gran cantidad de estatuas, hasta la fuente de Neptuno.

Entramos al Palacio y nos maravillamos ante la magnificencia y esplendor de sus salas; en ellas apreciamos la riqueza de los muebles, los cuadros, las estatuas y su ornamentación. Al salir realizamos un breve recorrido por los puestos del mercadillo situado delante de la fachada principal del Palacio. Entre tanta gente, algunos se despistan y tardamos más del tiempo estipulado para reagruparnos y retornar al barco. Llegamos con el tiempo justo para cenar; ni siquiera accedemos a los camarotes a dejar abrigos, gorros, mochilas y demás adminículos contra el frío.

Hoy el día empezó mal, atravesado; con ese principio, era difícil que acabara bien. Y así fue. Teníamos entradas reservadas para asistir a un concierto. Pero se impone el desconcierto; al salir del barco, el bus que nos tiene que llevar, no está.  ¿Qué ha pasado? Nadie lo sabe. Vuelta al barco; en la calle hace mucho frío; nos avisarán cuando sea hallado el autobús perdido. Nos debatimos entre el pesimismo y la esperanza. Con todo este ajetreo han dado las ocho de la noche; el concierto está programado para las ocho treinta. ¿Perderemos las entradas? El tráfico y la distancia acentúan las dificultades.

Pasan diez minutos de las ocho cuando aparece el bus. La forma de disculparse el chófer por el retaso es curiosa. Nos impele a subir rápidos y jura y perjura que llegará a tiempo. Y sí, con nervios y casi derrapando, saltándose más de un semáforo en ámbar casi rojo, llegamos. Ahora, carreras; carreras para bajar del bus, carreras para acceder al recinto, carreras para subir las escaleras, carreras por los pasillos...y llegamos... tarde. Todavía con el corazón palpitante por las prisas y el ajetreo, comienza el concierto. El local, que pertenece al complejo enorme del Palacio de Hofburg, precioso.

Al salir, de nuevo nos apremian las limitaciones horarias. El barco zarpa a las diez; si no llegamos a esa hora, se plantearían problemas mayores. Nuevo ataque de frenesí por las calles, ahora desiertas, de Viena. Entramos en el barco un momento antes de que este leve anclas. Por fin, el día que había empezado un tanto irregular, acababa sin mayores contratiempos. Dormiríamos navegando Danubio arriba hasta llegar, de buena mañana, a la Abadía de Melk.

Paulino Carasa

UN VIAJE A PALMA DE MALLORCA

Aquella mañana se presentó fría y lluviosa. Era el día en que emprendería mi primer viaje a Palma de Mallorca. Era familiar ya que mis tíos de Madrid tenían allí un piso de unos amigos. Me hizo mucha ilusión cuando me lo confirmaron. Me desperté sobre las seis de la madrugada. Me duché, desayuné y poco a poco me fui espabilando. Cuando salí llamé a un taxi para que me acercase al aeropuerto de Santander a coger el avión. Por allí, a lo lejos, se divisaba una cafetería. Después me acerqué a facturar el equipaje. Qué impresión me dio con sólo verlo. Ya dentro era fabuloso. Al rato vino la azafata para acomodarme en el asiento correspondiente y al cabo de un rato se la oyó por el altavoz dar las instrucciones para ponerse el cinturón de seguridad y desearnos un feliz viaje. El despegue me causó mucho impacto. Al llegar me esperaban unos familiares con los que pasaría unos días.

Son una maravilla las islas que tiene Baleares al igual que sus maravillosas playas; una de ellas, llamada El Arenal, era a la que iba con mis tíos y otros amigos de ellos. El último día no me quise ir sin probar sus ensaimadas. Fue una experiencia muy bonita para un recuerdo que quedará grabado en mi mente, ya que era el primer viaje que hacía y nunca olvidaré.

Esther Morán

VIAJAR A SANTO DOMINGO

Santo Domingo, en la República Dominicana, es una ciudad llena de historia, cultura y belleza. La Zona Colonial, con sus calles empedradas y edificios históricos, es un lugar emblemático para visitar y dejarte embrujar, así como también disfrutar con la arquitectura, la música y la gastronomía típicas.

Quiero viajar allí para visitar a mi hermano Javier y su familia. Recorreremos lo que ellos quieran enseñarme en una gran roulotte porque soñar despierta me gusta y les deleitaré con mis cafés, tes y chocolates saludables. Les llevaré perfumes naturales y los regalos más bonitos que encuentre; es posible que necesite un avión privado para llevar los presentes e ir cómoda. Hay una tienda que me encanta que tiene una ropa muy bonita, serigrafiada de muy buena calidad y bellos recuerdos. Compraré muchas prendas, 500 ó 5.000 que sé les van a encantar. Especialmente me quiero centrar en lo exclusivo que allí no hay. Invitaré a mi hermana mayor e iremos sin avisar. Para regalar compro lo que me encanta y disfruto mucho preparando todo con tarjetas personalizadas y preciosos papeles de llamativos colores. Mi hermano Javier y yo nos queremos mucho y de pequeño era muy gracioso y dulce. Para nosotros será muy entrañable vivir este sueño que os cuento. Compartido, lo bueno se multiplica. Lo complicado será volver. Me planteo pasar una temporada allí, disfrutar con mis sobrinos y con todos ir a México y dar una alegría a mis queridos amigos. Haré lo mismo, les llevaré abrazos y todo lo que quieran. Si esta fantasía no os ha gustado, no os inquietéis, la puedo mejorar.

Teresa Alonso

UN VIAJE


Córdoba, Andalucía, España. Me gusta conocer mi país. Me agrada visitar los lugares donde me entiendo con sus habitantes. No estaba previsto y surgió la idea al ver un documental televisivo que explicaba la Fiesta de los Patios Cordobeses en dicha ciudad. Nos retenía bastante la idea pensar en las temperaturas estivales de la zona, pero aun así contactamos con la agencia de viajes y contratamos el viaje y la estancia en la ciudad por tres días.
No lo hicimos en vehículo propio. Mi esposa y yo tomamos la decisión de viajar en ferrocarril, Torrelavega-Madrid, en tren Alvia. Madrid-Córdoba en convoy AVE. Y no alegramos de tal decisión. Fue un viaje muy cómodo y, además, en Madrid contactamos y comimos con nuestra hija que allí reside y trabaja. Estupendo.
Los tres días en la ciudad andaluza, capital de la Hispania Ulterior en tiempos de la República Romana, luego capital del Emirato de Córdoba y con cuatro elementos incluidos en la lista mundial de la UNESCO declarados “Patrimonio de la Humanidad”. A saber: Centro histórico, Ciudad califal de Medina Azahara, Mezquita Catedral y Fiestas de los Patios Cordobeses. Todo lo visitamos y todo lo disfrutamos en su justa medida.
Todo excelente. Admirable arte. Mucho color y calor. Pero las cervecitas frías, el jamón ibérico de los Pedroches, el salmorejo y el típico plato de rabo de toro cordobés, acompañado con el gracejo del habla de los cordobeses y cordobesas, no desmerecen y también deben tener su sitio en este relato. Un feliz viaje.
Pedro Rodríguez

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