MAMÁ ESTÁ HACIENDO UN BIZCOCHO
Éramos niños. Mi hermano, menor en edad, debía esperarme al salir del colegio para, en mi compañía, ir a casa. Aunque en el pueblo todos éramos conocidos y los riesgos o peligros estaban ausentes, las instrucciones de nuestros ancestros eran que regresásemos juntos. Y así los hacíamos. Cada día, salvo circunstancias ajenas o especiales (enfermedad, excursión u otras).