Olvido
en esa ardiente arena del desierto,
vacío de esperanzas, derrotado.
Se fueron los aplausos, han cesado
sonrisas, parabienes, cielo abierto…
Ahora, la oscuridad, el aire yerto;
nada queda; es el fin; todo acabado.
Presiento ya mi carne devorada
por un tropel de bocas insaciables
en disputa feroz por mis despojos.
Hoy me entrego a su furia desatada;
me someto a sus ansias implacables
de anidar en las cuencas de mis ojos
Abatimiento
Estoy aquí abatido, abandonado
a las viejas locuras de mi mente,
cautivo y prisionero de un ingente
cargamento de dudas, desbordado
por el rayo de mis sombras, atado
al carro de mi angustia fieramente,
quebradas mis defensas de repente,
caído en el camino, echado a un lado.
¿Cómo evitar que todo se despeñe
y se termine todo en un momento
entre las duras garras de la tierra?
Jamás podré surgir, aunque me empeñe,
sin encontrar la causa, el elemento,
que impulsa los demonios de esta guerra.
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