“Un hombre está sentado solo frente a una mesa en un restaurante italiano lleno de gente. Una mujer, en otra mesa, se levanta, se acerca a su mesa y se sienta frente a él".
(La escena representa el interior de un restaurante italiano a la hora del almuerzo. Mesas en segundo término que están ocupadas por distintos tipos de comensales. En primer término, una mesa preparada para comer, pero sin ningún comensal sentado a ella. Cerca hay otra mesa que está ocupada por una señora; vestido discreto, poco llamativo; tiene aire de ejecutiva; su cara denota cierto cansancio y aburrimiento. Consulta la carta mientras toma pequeños sorbos de una copa de vino blanco).
Señora. – (Como hablándose a sí misma) Sí, me apetece Lasaña; pediré un plato de Lasaña. (Entra un hombre deteniéndose ante su mesa)
Señor. – Buenas tardes.
Señora. – (Con cierta extrañeza) Buenas tardes.
Señor. – No quiero molestarle ni distraerle de su comida.
Señora. – Esperaba al camarero para pedirla, pero se ha presentado usted. No es que me moleste, pero me gustaría saber qué desea. (Con leve tinte de reproche)
Señor. – Le pido disculpas por mi intromisión. ¿Puedo sentarme a su mesa con usted?
Señora. – (Casi indignada) Como puede ver, en la mesa no hay más servicios dispuestos.
Señor. – (Sonriendo) Eso se arregla enseguida. (Alzando la vista buscando al camarero).
Señora. – (Levantando un poco la voz) Me apetece comer sola, quiero comer sola. No le conozco a usted de nada. Me está resultando ya impertinente; por favor, váyase a comer a otra mesa; ahí cerca hay una vacía.
Señor. – Perdóneme; no quiero ofenderla ni molestarla. Me he dirigido a usted porque creo conocerla. No sé precisar dónde hemos coincidido alguna vez, pero estoy seguro de haberla visto. Tengo buena memoria visual; además en esta zona de la ciudad…
Señora. – (Cortante, pero sin indignación) Sí, esta zona comercial de la ciudad está llena de oficinas y despachos de todo tipo; trabajamos aquí un sinfín de gente con cometidos semejantes, pero…
Señor. – (Interrumpiéndola) Sí, eso es verdad; pero cada uno vamos a lo nuestro y no reparamos en aquellos con quienes nos cruzamos. Tal vez no la recuerde por haberme
cruzado con usted por una de estas calles… ¿No habremos coincidido en algún simposio o conferencia?
Señora. – (Seria) Le he dicho a usted que no tengo ni la más somera noción de haberle visto ni haber coincidido en simposios o reuniones.
Señor. – (Más insistente) ¿Está usted segura?
Señora. – Estoy casi segura. Puede que hayamos coincido, como usted dice, en algún evento o fórum, pero ni le he visto ni le saludado nunca. Y ahora, por favor, váyase.
Señor. – (Insistiendo) ¿Recuerda la conferencia que dio el Dr. Fuster el jueves de la semana pasada sobre los “Nuevos recursos energéticos”
Señora. – El jueves de la semana pasada yo estaba de viaje en Estocolmo. No asistí a ninguna conferencia.
Señor. – (Disculpándose sinceramente) Lo siento, lo siento; discúlpeme, por favor. Tal vez no la haya visto nunca ni coincidido con usted en ningún evento… Pero me hubiera gustado sentarme con usted a esta mesa y haber compartido un rato de conversación mientras comíamos.
Señora. - (Con cierta sequedad) Muy amable, pero ya le dije que hoy me apetecía comer sola. Se acerca ya el camarero y voy a pedir mi comida.
Señor. – (Gentil y con gesto amable). Que le aproveche su comida, señora y que tenga usted un buen día. (Dirigiéndose hacia la mesa vacía cercana)
RELATO EN PRIMERA PERSONA
He tenido una mañana horrible; no soporto esa presión continua para alcanzar unos objetivos cada vez más altos y exigentes. Pero, aunque sea por el breve espacio de una comida, he decidido dejar preocupaciones y agobios, a la puerta de este restaurante italiano. Hoy me apetece comer yo sola.
A ver, aquí tengo la carta. Parece que todos los platos son a base de pasta; tonta de mí, ¡qué voy a esperar si es un restaurante italiano! Tomaré tallarines frutti di mare.
Ahí llega el camarero… Para beber…, para beber…, déjeme mirar un poquito los vinos… Sí, para beber sírvame una copa de vino blanco… Ah, sí, Garganega, por favor…
¿Y aquel señor de esa mesa de enfrente? Vaya pelea que tiene con los espaguetis…Uy, qué vergüenza; me ha visto mirarle; tonterías; tomaré un trago de este exquisito vino y atacaré el plato de tallarines. Ahora es él el que me mira; lo veo a través del cristal de mi copa. ¡Qué descaro!... Y me sonríe; ¿qué hago, sonrío yo también? Mejor bajo la cabeza y me centro en la comida; después de la mañanita que llevo no estoy para sonrisitas.
Pero me resulta agradable su cara y su gesto. Parece un ejecutivo; lo normal en esta zona de la ciudad; comerciales y empleados cualificados llenamos a esta hora los restaurantes. No me es desconocido; seguro que lo habré visto o habrá pasado a mi lado más de una vez; no lo recuerdo, pero es posible.
¿Qué tal si me acercara a su mesa?... Mejor si él se acercara a la mía… Podríamos comer juntos y brindar y charlar y dar un paseo después… ¡Fuera fantasías y sueños vanos!; hoy me apetecía comer sola y así será…
Parece que ya se levanta de la mesa… ¿vendrá hacia aquí? Bajo la vista hacia mi plato, pero él me mira, no lo veo, pero siento su mirada sobre mí. ¿Me hablará…? Ahora sí, levanto la vista y descubro en él la misma sonrisa franca del principio; me hace un débil gesto de saludo y se va…Lo veo salir y me sorprendo a mí misma con un vago sentimiento de decepción… ¡Qué tonta soy!
RELATO EN TERCERA PERSONA
Era mediodía. El restaurante estaba casi lleno. Sentado a una de sus mesas, un señor comía espaguetis. Vestía de un modo convencional, poco llamativo; traje gris, camisa blanca y corbata a juego. Parecía un ejecutivo anónimo; algo bastante corriente en aquella parte de la ciudad pues ese restaurante italiano se situaba en plena zona comercial.
El señor estaba concentrado en su comida y trataba de emplear en ello cuchara y tenedor de la manera más eficaz posible; no parecía un experto; tal vez no fuera italiano.
Concentrado en comer los espaguetis sin que se le salieran del plato o le quedaran colgando entre sus labios, no se dio cuenta de que una mujer que comía cerca de donde él estaba sentado, se había levantado, acercado a su mesa y sentado frente a él. De edad indefinida, vestía de forma discreta, pero no desprovista de elegancia; sin ser especialmente guapa, su rostro resultaba agradable. Tenía una copa de vino en la mano. Al percatarse de su presencia, el hombre, sorprendido y extrañado, dejó los cubiertos apoyados en su plato. Intentó decir algo, pero apenas fue un balbuceo. Ella se adelantó
- Buen provecho. -dijo sonriente.
- Gracias. -un tanto seco y todavía sin sobreponerse de la sorpresa el hombre.
La señora se excusó por sentarse a su mesa sin ningún preámbulo y de modo totalmente imprevisto y repentino.
El hombre se repuso del sobresalto inicial, esbozó una tímida sonrisa y saludó a la mujer. Ella hizo ademán de chocar la copa que llevaba en su mano con la que estaba sobre la mesa frente al hombre; instintivamente, este, tomó su copa y secundó en gesto, aunque un tanto dubitativo. Bebieron ambos y la situación se distendió.
Al momento, se acercó a la mesa un camarero llevando un plato, también de espaguetis, y lo puso frente a la señora; colocó al lado los cubiertos y se retiró.
- Es muy triste comer solos, ¿no le parece? -sin esperar respuesta ella añadió:
- Le he pedido al camarero que trajera mi plato a esta mesa. Como le dije, no me gusta comer sola y lo evito siempre que puedo. Supuse que a usted le agradaría también compartir mesa y conversación. Es como poner un paréntesis en nuestras ocupaciones laborales diarias.
El hombre hizo un gesto de asentimiento y su expresión ahora fue ya relajada y tranquila. Chocaron levemente otra vez las copas. Después siguieron comiendo hasta terminar sus platos.
Paulino Carasa
ESCENA EN RESTAURANTE
1. NARRADOR INTERNO. PUNTO DE VISTA DE UN PERSONAJE. (en 1ª persona)
Era el restaurante que frecuentaba cuando almorzaba fuera de casa. Un restaurante italiano. Me sentía muy cómoda en aquel lugar, al lado del mar, y donde ya era conocida y atendida con exquisita atención. Paco, el camarero, me saludó cortésmente como siempre y anotó la demanda. Había optado por pasta a la carbonara. Hacía tiempo que no la degustaba y es uno de mis platos favoritos. El local estaba muy animado y eran escasas las mesas sin comensales. Fue entonces, al girar un vistazo por el establecimiento, cuando lo vi. A escasos metros de mi mesa, frente a mi posición, estaba él. Un hombre, también sin compañía, atractivo, vestido con terno gris, edad madura, que me miraba fijamente. Baje la vista hacía mi móvil disimulando mi desconcierto y tratando de no ruborizarme. Él también esperaba ser servido. Levanté los ojos del móvil y aquel hombre seguía con fijeza mirándome. En esta ocasión hizo una suave reverencia con la cabeza y me dedicó una sonrisa a la que yo correspondí. Me gustaba aquel señor, para que voy a negarlo. Sin demora alguna el hombre se levanta de su mesa y con paso firme, era alto y elegante, se acercó a mi mesa y, tras saludar y presentarse, solicitó autorización para acompañarme en el almuerzo. Asentí con un gesto afirmativo y compartimos mesa y comida en una charla muy animada e interesante.
2. NARRADOR EXTERNO. PUNTO DE VISTA DE UN OBSERVADOR. (en 3ª persona)
Era un restaurante italiano. Estaba ubicado a la orilla del mar con unas vistas extraordinarias y había logrado una merecida fama ofreciendo a los comensales exquisitos menús de pasta. El local estaba animado. Casi el total de mesas estaban ocupadas. Una de ellas la ocupa una mujer de mediana edad, sola, con un porte elegante y aspecto de empresaria, ejecutiva o alta funcionaria. De esas mujeres a las que gusta mirar. Hizo su demanda a Paco, el camarero, y se puso a mirar el móvil. Ahora dirige su mirada, con cierto disimulo, hacía otra mesa donde hay un hombre, también solo, que corresponde a la mirada con una sonrisa y un gesto de saludo inclinando levemente la cabeza. Segundos después el hombre se levanta de su mesa y se dirige decidido hacia la mesa de su vecina. Viste con elegancia, es alto y su caminar es decidido. Su aspecto induce a pensar que se trata de un alto ejecutivo o profesional cualificado. Llega y saluda siempre con ademanes correctos. Ella sonríe y hace un gesto de asentimiento. Él entonces ocupa lugar en la mesa y ambos inician una conversación animosa a la espera de ser servidos e iniciar la ingesta de sus respectivos menús. Les sirven. A ella pasta a la carbonara. A él spaghetti allá puttanesca. A ambos sendas copas de vino blanco. En alguna ocasión cuchichean y se ríen dirigiendo sus miradas hacía un lugar determinado del local.
3. DIÁLOGO (sin narrador)
- Hola, buenas tardes. Mi nombre es Ernesto. No quiero molestar, pero si no esperas a nadie me encantaría acompañarte durante el almuerzo.
- Hola. No, no me importa. Siéntate, por favor. ¡Ah! Me llamo Eva.
- Gracias Eva, tomando asiento frente a ella. Me encanta este restaurante, sigue contando Ernesto, siempre que puedo vengo a comer aquí. Trabajan la pasta de una forma extraordinaria. Se nota la mano italiana.
- Si, la verdad, responde Eva. A mí me encanta la carbonara. Está deliciosa.
- Yo hoy he pedido spaghetti. Los hacen riquísimos, la verdad.
- Que majo es Paco. Siempre que vengo quiero que me sirva él, dice Ernesto.
- Estoy de acuerdo, responde Eva. Es un gran profesional que sabe detrás de lo que anda. Me consta que los propietarios del negocio están muy contentos con su servicio. Y la mayoría de los clientes también.
Suena el móvil de Ernesto.
- Perdona Eva. Ernesto responde a la llamada. No, no, ye hablaremos del tema. Disculpa, pero ahora estoy ocupado y no puedo atenderte. Yo te llamo cuando concluya la reunión. Si, si, tranquilo, yo te llamo.
Desconectando el móvil y vuelve
- Lo siento Eva. Ahora mismo apago el teléfono.
- No te preocupes. Todos vivimos hoy pendientes del dichoso aparatito. La verdad es que hay momentos en los que lo arrojaría al mar para vivir más tranquila. En fin, estamos en la era de la tecnología.
- Bueno Eva, y, si no es indiscreción ¿a qué te dedicas?
- Soy economista y dirijo una gestoría con cinco empleados y muchos problemas. Pero contenta de ir superando los inconvenientes y vivir el día a día. ¿Y tú?
- Soy arquitecto. Trabajo en un estudio con otros dos compañeros y tres delineantes, bueno ahora les llamas arquitectos técnicos. No nos falta trabajo y la cosa va funcionando. Estamos contentos.
- Oye, esta pasta carbonara esta deliciosa. Qué rica.
- Pues los spaghetti también están exquisitos.
- Sospecho, dice Eva, que tenemos un mirón allí en la mesa de la esquina. No cesa de observarnos con poca discreción, la verdad. En fin, ya se va.
- Bueno Eva, te agradezco de todo corazón haber consentido que te acompañara durante la comida. Ha sido muy agradable disfrutar de tu compañía y conocerte. ¿Te apetece ahora ir a tomar una copa? ¿Conozco un bar donde sirven unos gin-tonics que quitan el sentido?
- Imposible. Hoy tengo concertada una cita con un cliente y no puedo anularla. Pero si quieres queda pendiente esa copa. Te doy mi teléfono y estamos en contacto.
- Perfecto. Toma también mi número y nos llamamos.
Pedro Rodríguez
1.- Escena en primera persona desde el punto de vista de uno de los personajes
Tiburcio, sentado en un restaurante italiano, observa a una mujer que ocupa la mesa de al lado disfrutando de su cena y leyendo un libro.
Parece tranquila y feliz. Qué estará leyendo.
¿También estará sola o estará esperando a alguien? Quizás le gustaría un poco de compañía. Pero, ¿y si no le interesa hablar? ¿Y si le incomoda? No quiero interrumpir su cena. Pero, ¿y si también se siente sola? Tal vez debería acercarme y decirle algo…
Vamos, Tiburcio. Solo es una conversación. No tienes nada que perder. Además, podría ser interesante conocerla. ¿Y si me rechaza? No sé si estoy preparado para eso… Pero también podría ser el inicio de algo bonito. ¿Qué tal si le digo que me encanta este lugar? Después de la cena, podría invitarla a bailar y… quién sabe.
¡Venga! Es ahora o nunca. No puedo quedarme aquí sentado mirándola sin hacer nada.
Me acerco a su mesa.
- Disculpa, pareces disfrutar de tu cena. ¿Te importa si me siento contigo?
Ella levanta la vista, sorprendida, pero sonriendo.
- Claro, adelante.
Sintiéndome aliviado, pero aún un poco nervioso, me siento a su lado. A medida que comienza la charla, siento cómo los nervios se disipan y una conexión empieza a formarse entre nosotros. ¡Lo logré!
Ahora solo tengo que levantarme y ponerlo en práctica. Lástima que todo haya ocurrido en mi mente sin levantarme de la mesa.
2.- Escena en tercera persona
Imaginación desbordada
En un rincón de un restaurante donde la luz tenue crea un ambiente íntimo, Clara observa a un hombre sentado solo en una mesa cercana. Es un hombre de mediana edad, con cabello castaño y una barba bien cuidada. Su mirada está fija en el menú, como si cada palabra fuera un misterio por descubrir.
Ha hecho su elección. Con un gesto sutil llama al camarero. Su rostro se ilumina al hacer el pedido; algo en su expresión denota un profundo aprecio por la comida. Sus ojos recorren el ambiente, admirando la decoración y los murmullos de las conversaciones a su alrededor.
Cuando le sirven su plato, un risotto cremoso, sonríe con satisfacción. Cierra los ojos, antes de paladear el primer bocado. Saborea cada cucharada de una forma casi poética; parece perderse en los sabores dejando que la textura del arroz y la suavidad del queso le transporten a otro mundo.
Hay algo cautivador en su manera de comer: no se apresura, disfruta de cada instante como si fuera un regalo. Mira hacia la ventana, contemplando el bullicio de la calle mientras mastica lentamente, como si buscara inspiración en el mundo exterior.
El camarero llega con su segundo plato, un jugoso filete acompañado de verduras asadas, corta un trozo de carne y se deleita con la mezcla de sabores en su boca. Al tomar la copa de vino entre sus manos, sus dedos la acariciaban como si estuviera sosteniendo algo precioso. Cada sorbo parece acompañar perfectamente a su comida. Qué historias guardará detrás de su mirada pensativa.
Cuando termina su plato deja caer el tenedor sobre la mesa con un suspiro de satisfacción.
Se levanta para irse, pero antes de salir echa una última mirada al restaurante, quiere llevarse consigo la esencia del momento vivido.
3.- Diálogo entre los personajes
Una Noche Italiana
Un restaurante italiano con decoración rústica, mesas de madera y un aroma delicioso a pasta y salsa de tomate. Una pareja está sentada en una mesa cerca de la ventana desde la que contemplan un precioso almendro en flor.
Personajes:
- Eloína
- Adelardo
Eloína: (mirando el menú) ¡Guau! Qué buena pinta tiene todo. No sé si elegir pizza o pasta.
Adelardo: (sonriendo) Yo soy pro-pasta, pero la pizza aquí es increíble. ¿Qué tal si pedimos uno de cada y compartimos?
Eloína: ¡Es una gran idea! Me encantaría probar la lasaña. ¿Tú qué pizza vas a pedir?
Adelardo: Creo que me voy a decidir por la pizza margarita. Clásica, pero siempre deliciosa.
Eloína: (asintiendo) Buena elección. Podríamos empezar con un aperitivo. Me encanta el melón con jamón.
Adelardo: Eloína, por favor, estamos en un italiano, querrás decir que podríamos empezar con un antipasto (llama al camarero). Disculpe, ¿podría traernos un antipasto y dos platos principales? Una lasaña y una pizza margarita, por favor.
Camarero: Claro, en un momento se lo traigo.
Eloína: (con una sonrisa traviesa) Y no olvidemos el vino. Creo que deberíamos pedir una botella de tinto para acompañar la cena.
Adelardo: ¡Buena idea! ¿Te gustaría algo ligero o prefieres algo más robusto?
Eloína: Creo que un Don Simón sería ideal, algo suave, pero con carácter.
Adelardo: Don Simón entonces (vuelve a llamar al camarero) Disculpe, ¿podría traernos un reserva Don Simón, por favor?
Camarero: Por supuesto, señor
Eloína: (mirando alrededor) Este lugar tiene un ambiente muy acogedor. Me encanta la música de fondo.
Adelardo: Sí, realmente te transporta a Italia. Deberíamos planear un viaje allí algún día.
Eloína: (entusiasmada) ¡Sííííí! Siempre he querido pasear por las calles de Roma y comer auténtica pasta en una trattoria.
Adelardo: (sonriendo) Y no olvidemos el gelato. Tendríamos que probar todos los sabores posibles.
Eloína: (riéndose) Desde luego. Pero ahora vamos a disfrutar de nuestra cena.
Adelardo: (tomando su mano) Estoy feliz de estar aquí contigo.
Eloína: (sonriendo) Yo también, Adelardo. Cada encuentro es especial, pero esta noche parece mágica.
(El camarero regresa con el antipasto y el vino y comienza a servirlo en la mesa.)
José Fco. Gómez

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